Por Isaac Cohen*

Una recia reacción negativa provocó el anuncio del Presidente Donald Trump de que intenta imponerle aranceles a las importaciones de acero y aluminio, porque “las guerras comerciales son buenas, y fáciles de ganar.”

Los inversionistas recibieron la noticia con una zambullida de 1.7 por ciento en el Índice Industrial Dow Jones, intensificando las preocupaciones respecto a la política económica del gobierno, las cuales pueden estar indicando el fin de nueve años de expansión en la bolsa de valores.

Los socios comerciales fueron sorprendidos, porque la medida lesiona más a los aliados que a los adversarios. Por ejemplo, los seis principales abastecedores de importaciones estadounidenses de acero son Canadá, Corea del Sur, México, Brasil, Alemania y Japón, en ese orden. En contraste, China con casi la mitad de la capacidad de producción mundial, el año pasado ocupó el undécimo lugar entre los proveedores de importaciones estadounidenses del metal.

Sin embargo, la sorpresa no duró mucho, porque la Unión Europea inmediatamente identificó ciertas importaciones provenientes de Estados Unidos como víctimas potenciales de represalias. Notablemente, las motos Harley Davidson, producidas en Wisconsin, el estado del Vocero de la Cámara de Representantes Paul Ryan. También, el whiskey Bourbon de Kentucky, el estado del Líder de la Mayoría del Senado Mitch McConnell.

Sin embatgo, algunas de las críticas más severas provinieron de la página editorial del Wall Street Journal, la cual usualmente elogia el éxito económico presidencial. Al siguiente día del anuncio, un editorial caracterizó la medida como “locura arancelaria” y como “el mayor disparate de política de su Presidencia.”


*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio, UNIVISION, TELEMUNDO y otros medios.