La inauguración del nuevo gobierno en Washington plantea numerosas preguntas sobre la economía estadounidense para 2017, muchas derivadas de algunas promesas de campaña del Presidente electo. Cierto, al sector privado le complacen algunas de estas promesas, tales como la reducción de impuestos, menos regulaciones y más gasto en infraestructura. En contraste algunas promesas proteccionistas generan preocupación, tales como el desmantelamiento de los tratados de libre comercio, o la imposición de aranceles a los productos de empresas que inviertan en el extranjero. Además, en sectores como la agricultura, o los servicios de hospitalidad y entretenimiento, hay preocupación por la promesa de deportar millones de trabajadores indocumentados.

Ante el hecho que el Partido Republicano ahora controla tanto el Congreso como la Casa Blanca, la primera pregunta es si el liderazgo Republicano del Congreso apoyará esta ambiciosa agenda, porque contiene algunos elementos que contradicen varios preceptos Republicanos tradicionales.

La siguiente pregunta es cómo la postura de la política monetaria se adaptará al nuevo contexto, si es cierto que habrá una política fiscal menos austera. Sobre todo porque la economía está creciendo moderadamente, está cerca del pleno empleo y las perspectivas inflacionarias están aumentando. En diciembre pasado, la tasa de los fondos federales aumentó en un cuarto de punto porcentual, anticipando más aumentos este año.

La última pregunta tiene que ver con los precios del petróleo. Está por verse si los recortes de producción acordados el año pasado, por la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros no miembros, mantendrán estables los precios del crudo en alrededor de US $50 por barril

*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio, UNIVISION, TELEMUNDO y otros medios.