La volatilidad ha estado asediando los mercados financieros globales, desde principios del año. En Estados Unidos, después de la peor semana inicial de cualquier año de su historia, el Indice de Acciones Standard & Poor’s en enero cayó 5.1 por ciento y en lo que va de este mes ha caído 3.9 por ciento. Varios factores están contribuyentes a esta turbulencia, inicialmente percibida como de corta duración. La desaceleración de la economía de China y algunas vacilaciones entre quienes deciden sus políticas, junto a la caída de los precios del petróleo, así como las consecuencias para las empresas energéticas y los bancos que las han financiado, todos estos acontecimientos han contribuido a la corrección de las bolsas de valores.Además, hay preocupación respecto al momento en el que el banco central estadounidense decidirá el próximo aumento de la tasa interés de los fondos federales.

No obstante, en contraste con las percepciones de los mercados financieros, otros indicadores domésticos señalan un desempeño sólido. Por ejemplo, el desempleo en enero disminuyó 4.9 por ciento y los salarios están aumentando, mientras que el gasto de los hogares aumentó, en automóviles, alimentos y materiales de construcción, estimulado por la caída de los precios de la gasolina.

Durante su último testimonio ante el Congreso, interrogada sobre el riesgo de una recesión, la Presidenta de la Reserva Federal Janet Yellen dijo, “en cualquier año siempre hay algún riesgo de recesión, pero la evidencia sugiere que las expansiones no mueren por envejecimiento.”

Por Isaac Cohen*

*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio.