La diferencia entre los gastos y los ingresos del gobierno, el déficit fiscal, ha alcanzado el nivel más bajo desde 2007, durante el mandato del Presidente Barack Obama. Por ende, pueden relajarse por un rato aquellos que estaban preocupados porque Estados Unidos se iba a volver como Grecia.

 Durante el año fiscal que terminó el 30 de septiembre, el déficit disminuyó 9 por ciento desde el año anterior, a $439,000 millones. Esto representa 2.5 por ciento de la economía y es menor que el promedio de los últimos 40 años. Cierto, la deuda federal ha llegado a 73 por ciento de la economía, pero debido a las bajas tasas de interés el servicio de la deuda representa sólo 1.3 por ciento del Producto Doméstico Bruto.

El aumento de ingresos generado por el mejoramiento de la economía, a la par de los recortes automáticos de gasto, acordados en 2013 por los dos partidos políticos dominantes, condujeron a la reducción del déficit fiscal. Estas circunstancias contribuyeron a la aprobación reciente, también a través de un acuerdo bipartidista, del levantamiento de los límites del gasto y a otorgarle al gobierno federal autorización para endeudarse, hasta marzo de 2017. Por ende, el acuerdo elimina, durante el próximo año electoral, uno de los temas más contenciosos, el cual generó amenazas de cerrar el gobierno y puso en peligro la clasificación crediticia del gobierno federal.

También merece crédito el saliente Vocero de la Cámara de Representantes John Boehner (Republicano de Ohio), quien logró obtener la aprobación del acuerdo  bipartidista, a pesar de la recia oposición de los miembros más conservadores de su propio partido.

Por Isaac Cohen*

*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio.