Al final del pleno del Comité Central del Partido Comunista, la semana pasada, el Presidente Xi Jinping reveló que 6,5 por ciento es la tasa anual de crecimiento esperada para la economía china bajo el próximo plan quinquenal, de 2016 a 2020. En octubre pasado, el Fondo Monetario Internacional proyectó la tasa de  crecimiento económico de China para 2016 en 6,3 por ciento.

Por ende, la segunda mayor economía del planeta continuará deslizándose gradualmente hacia un modelo de crecimiento diferente y más lento, basado en el consumo doméstico. Esto contrasta con el modelo anterior, basado en el gasto en infraestructura y las exportaciones, bajo el cual la economía china alcanzó tasas de crecimiento espectaculares de dos dígitos durante tres décadas.

 Algunas consecuencias para la economía mundial ya se manifiestan en la drástica caída de las importaciones de China, especialmente de materias primas. Por ejemplo, La Administración General de Aduanas de China dijo que en octubre las importaciones disminuyeron 18.8 por ciento desde el año pasado, un poco menos que la reducción de 20.4 por ciento registrada en septiembre. Según el Fondo Monetario  Internacional hay evidencia que también está cambiando la composición de las importaciones. Por ejemplo, la demanda de materias primas se está desplazando desde los metales requeridos por las inversiones en infraestructura, tales como el cobre y el mineral de hierro, hacia metales de alta calidad y mayor precio, tales como el aluminio y el zinc, requeridos por la producción de bienes durables. Lo mismo con los alimentos, hay menos demanda de arroz y más de aceites comestibles, carne y soya.

Por Isaac Cohen*

 *Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio.