El Doctor Carlos M. Rodríguez graduado del Doctorado en Ciencias Económicas y Empresariales, emitió un comentario sobre el tema “Impacto de las Habilidades Blandas en el mundo Laboral”, lo cual es resultado de una investigación realizada por Rodríguez Ph.D. Director de Proyectos Estratégicos de la Universidad Fidélitas.

Las habilidades blandas integran capacidades comunicativas, de análisis de información, de trabajo en equipo, entre otras, frente a un determinado trabajo.

Investigaciones desarrolladas por la Universidad de Harvard, la Fundación Carnegie y el Centro de Investigación de Stanford han concluido que “el 85 % del éxito en el trabajo proviene de tener destrezas blandas (…) y solo el 15% del éxito laboral proviene de habilidades y conocimientos técnicos” (National Soft Skills Association, 2016).

La complejidad aumenta porque estas no suelen certificarse. Un abogado puede mostrar titulaciones. Sin embargo, esto no garantiza, por ejemplo, su tolerancia ante un cliente difícil. Si el éxito depende en un 85 % por aspectos que a nivel curricular resultan difíciles de demostrar, estamos ante un problema mayor.

En el sector de Servicios Financieros la Comunicación es la habilidad más solicitada y escasa; y en los servicios de Consultoría la habilidad menos común es el Pensamiento Estratégico (Levy & Cannon, 2016). Suelen incorporarse a la lista de las más buscadas la Capacidad de Trabajo en Equipo, las habilidades para la Toma de Decisiones y la Solución de Problemas (Adams, 2014).

El término habilidades blandas proviene de una desafortunada y literal traducción de soft skills, en donde no se visualiza el papel de las actitudes y los valores. Cabe preguntarse si debajo de las tan necesitadas habilidades de comunicación, de toma de decisiones y trabajo en equipo se esconde cierto desarrollo de valores, que promueven determinadas actitudes. Una visión integral puede ser relevante también a la hora de contratar y desarrollar personal en organizaciones. Analicemos tres ejemplos.

La Comunicación parte de aceptar la diversidad de colaboradores. Hace solo algunas décadas las empresas eran dominadas por hombres de un mismo grupo cultural. Era común escuchar chistes misóginos, e incluso homofóbicos. Hoy es común que mujeres ocupen puestos de alta responsabilidad, y no pocas minorías han tenido logros. Es una habilidad clave saber comunicarse en ambientes laborales diversos. El respeto y la asertividad son capacidades claves para que la comunicación fluya. Es imprescindible que líderes y colaboradores se sientan cómodos comunicándose con personas de otro género, religión, cultura, modo de vestir, orientación sexual y modos de trabajar.

La toma de decisiones parte de que puede haber varios actores afectados. En 2005 Jeff Jarvis, un conocido blogger, comunicó su descontento con la compañía Dell en carta conocida como “Dear Mr. Dell”.

La carta se hizo viral y la empresa registró pérdidas millonarias. No pocas decisiones que se toman en organizaciones tienen repercusiones en diversos públicos. Ellos merecen ser escuchados si pueden ser perjudicados de alguna manera. Promover un cambio estratégico puede afectar a otros, y la sensibilidad a este hecho puede marcar la habilidad para tomar decisiones.

El trabajo en equipo implica promover las diferentes perspectivas profesionales. Los problemas actuales son complejos y exige que las soluciones sean multidisciplinarias. Así puede requerir de un arquitecto, un antropólogo y un gestor de proyectos, por ejemplo. Cada uno de ellos tiene un enfoque. Aceptar que la mejor solución se construye entre muchos, y no es propiedad exclusiva de una perspectiva, es fundamental para poder trabajar en equipo. El líder debe convocar y sumar otras visiones.

Resulta poco probable que nuestros líderes y colaboradores puedan desarrollar habilidades blandas sin que exista de previo valores que promuevan la tolerancia, la inclusión y la sensibilidad a los problemas de otros. Es mucho más viable que las habilidades deseadas emerjan sobre estos valores importantes, que he preferido llamarles “duros”.

Estos valores duros generarán la necesidad de habilidades blandas; ellos pueden ser un motor, o un freno de no estar presente. Su formación debe ser dirigida ojalá desde los primeros años de vida. No le falta razón a Howard Gardner (Amiguet, 2016), psicólogo y autor de la teoría de las inteligencias múltiples, cuando afirma que “Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”.

Carlos M. Rodriguez, Ph.D. Director de Proyectos Estratégicos, Universidad Fidélitas.