Sheldon Cooper

The Big Bang Theory es una de mis series favoritas. Sheldon Cooper puede sacarme una sonrisa fácilmente. Su raciocinio excepcional unido a su incapacidad para entender la naturaleza humana genera una mezcla explosiva de humor infinito. Pero, ¿por qué percibo que él, específicamente, podría ser investigador en Costa Rica?

Primero revisemos someramente el perfil a sus tres amigos inseparables, en cuanto a su producción profesional. Leonard es un físico experimental; además de las aplicaciones de láser helio-neón, desarrolló un novedoso propulsor de cohetes. Howard, ingeniero aeroespacial, ha colaborado en un robot marciano y diseñó un “inodoro espacial”. Koothrappali es astrofísico, y descubrió un objeto planetario que lo inmortalizó en la revista People. Los tres han tenido, pese a sus simpáticos yerros, logros tangibles.

Sheldon, por otro lado, es un físico teórico. Creyó descubrir en una pizarra un elemento súper pesado estable. Escribió un artículo sobre el tema, y luego, cuando descubrió un error en el cálculo, escribió  otro artículo en el que se retractaba de su supuesto hallazgo. Como científico teórico, publicar es lo de Sheldon.

Cierta vez leí que las investigaciones en las universidades costarricenses no tienen un interés comercial, sino que buscan un impacto social. Eso me parece bien. Sin embargo el informe reciente del Estado de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación del programa Estado de la Nación (2014) no responde a la pregunta de: ¿Cuál es el impacto que ha tenido la inversión en I+D en la sociedad costarricense? No lo hace porque contestar esta pregunta es muy difícil. La eficiencia en el uso de recursos de investigación se mide, principalmente, en publicaciones y patentes, y sus derivados, con las limitaciones que pueda tener esta medición. Ambos temas sí son abordados en el Informe. Veamos algunos datos que podemos extraer de este documento clave.

Tenemos claridad en el origen de las publicaciones costarricenses (p.170). Pertenecen en una importante proporción a las universidades públicas. Esto no sucede en el caso de las patentes. Pese a que la inversión en I+D es liderada por la Educación Superior (p.128) con porcentajes entre el 40% y el 50% del total del presupuesto nacional, en el caso de las patentes el “aporte real de los costarricenses es mínimo y ha desmejorado con el tiempo: pasó de representar un 8.9% del total del 2001 a tan solo un 3,5% en 2013” (p.109). Esto significa que aunque las Universidades invierten la mitad de los recursos del país en Investigación y Desarrollo, los resultados de estas instituciones en patentes es ínfimo –si el total tico es de 3,5%, el aporte de la Educación Superior es al menos menor que esto. Podríamos inferir que en nuestras universidades generamos pocos cambios tecnológicos, aunque si existen publicaciones.

Sheldon podría ser investigador nuestro, publicaría sus resultados, y no se preocuparía del valor de uso de sus hallazgos.

Suiza y los Paises Bajos tienen un mejor Índice de Desarrollo Humano que Estados Unidos, y también lo superan en patentes por habitantes. Proponer nuevos productos o servicios, o transformaciones de relevancia en ellos, es deseable. Me gustaría ver a Sheldon preguntándole a Penny “¿sabes cuál es la importancia de una investigación que tiene impacto económico en Costa Rica?” a lo que la rubia mal encarada le contesta “No”; solo para que él diga “Mucha. Igual que en cualquier lado. ¡Bazinga!”.

Bibliografía

Programa Estado de la Nación. (Julio de 2014). Informe Estado de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Obtenido dehttp://estadonacion.or.cr/ecti/assets/carpetadeprensaweb.pdf

Fuente de la imagen: http://static.comicvine.com/uploads/original/9/99065/3221584-9952177768-pictu.jpg