Los indicadores de éxito podrían definirse, de forma muy general, como los signos de satisfacción en la ejecución de un proyecto. En  castellano simple, los indicadores de éxito son los que nos hacen decir “vamos bien”, o “tenemos algo que corregir”, o ambas cosas. Esto existe a nivel organizacional, y también a nivel personal. Basta preguntarle a alguien “¿por qué estás satisfecho con tus resultados?” y emergerán estos indicadores, aun cuando no estén escritos.

En la gestión de la Educación Superior existen un conjunto de indicadores que las universidades declaran explícitamente como importantes, y uno de los más recurrentes es la deserción. La deserción ocurre, en estas instituciones, cuando un estudiante, por cualquier razón, decide abandonar los estudios. Por muchos años impartí lecciones de cursos difíciles para los estudiantes, y sabía que esta complejidad, y el fracaso en alguna evaluación, podía desmotivarlos, y empujarlos a abandonar el curso. Para mí era muy importante que esto no pasara. Quiero compartirle las razones por las cuales me esforzaba para que los estudiantes, aun cuando las probabilidades de ganar el curso fueran nulas, permanecieran en sus pupitres hasta el final del periodo.

  1. El mejor lugar para un adolescente o un joven, es el aula. Cuando pensamos que un estudiante a mitad de periodo decide abandonar el curso, lo que primero nos viene a la mente es la pregunta de dónde irá a consumir este tiempo, que antes dedicaba a la clase. No existe un mejor lugar ellos que un aula universitaria; ninguna alternativa será mejor que esa.
  2. Salir de un curso antes de concluir eleva las probabilidades de perderlo por segunda vez. La permanencia permite ver todo el contenido del curso. Esto trae obvias ventajas al volver a matricularlo. El fracaso por segunda ocasión en el mismo curso está lógicamente asociado a la deserción, por lo que debemos trabajar para aumentar las posibilidades de éxito en el futuro.
  3. La inversión está hecha. En la mayoría de las universidades el estudiante, o sus familiares, deben hacer desembolsos, y pagar en ocasiones sumas importantes. Es responsable hacerle ver que esta inversión está hecha, y que no pueden desaprovecharla. Deben extraerle la máxima utilidad posible a cada centavo.
  4. El ejercicio del abandono no es saludable. La perseverancia, y la resiliencia, es un valor obligado a formar por nuestros educadores, en todos los cursos, y es clave para su vida profesional y personal. Salir de un curso es el camino más corto a abandonar la Universidad, y la salida de esta última es en muchas ocasiones renunciar a proyectos decisivos en la vida. No podemos facilitar el hecho de que el abandono sea una conducta aprendida en nuestras aulas.

Me satisface haber trabajado por muchos años para instituciones que cambian vidas. Una universidad en el tope de los rankings mundiales suele ser costosa, y en no pocas ocasiones, por esta razón,  el acceso a estos estudios está vinculado con grupos sociales solventes. Las universidades que acceden estudiantes de menor ingreso pueden sacar de la pobreza a muchos de sus graduados, y a su familia. Sé, con fundamento científico, que la Universidad puede cambiar la vida a estos jóvenes, y a sus allegados.

Estos argumentos me hacen motivar a  mis estudiantes a permanecer en el curso, hasta el último día de clases, independientemente de sus resultados académicos. Estoy convencido que eso puede ser la clave en la superación en uno de ellos, y eso es suficiente motor. Así, uno de mis indicadores clave de éxito como profesor, es cuántos estudiantes tengo en mi clase, un día antes del examen final. Queremos trabajar en esa dirección, y queremos que cada profesor de la Universidad Fidélitas, y especialmente de la Sede de Heredia, se sume a ello.

 

Saludos cordiales

 

Carlos M. Rodríguez, PhD

Director Académico de la Sede de Heredia.

Universidad Fidélitas